Levítico 1:1

1Y LLAMO El Señor á Moisés, y habló con él desde el tabernáculo del testimonio, diciendo:

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Acerca de Levítico capítulo 1 versículo 1:

El Levítico (en griego: Leyitikós, ‘acerca de los Levitas’; en hebreo. [Vayikra], ‘y Él llamó’) es uno de los libros bíblicos del Antiguo Testamento y del Tanaj. Aunque tenga fragmentos más antiguos, hay consenso entre los estudiosos de la Biblia en que adquirió su actual forma durante el período persa (entre los siglos VI y IV A.C). Forma parte del Pentateuco, y de la Torá judía (“La Ley”). Se lo cuenta entre los libros históricos y en ambas versiones es el tercero, ubicado entre Éxodo y Números.

Sentido religioso

La primera enseñanza del Levítico es que la asamblea es santa. Por lo tanto, sus miembros deben estar acordes con esta santidad, siendo puros y perfectos. En este sentido, el texto sigue al Decálogo y las normas dictadas por los profetas, que pasaron mucho tiempo insistiendo en las exigencias morales que Dios requería de los judíos.

Pero no se trata de un manual moral (18-20) ni de una profecía (26), ni tampoco de un texto jurídico. Es esencialmente un manual ritual sobre distintos tipos de celebraciones: sacrificios sagrados (1-7), ordenación de los sacerdotes (8-9), purificación (14), expiación (16) y fiestas o santas convocaciones (23).

Intenta, entonces, una clasificación de los sacrificios basándose en los conceptos —novedosos— de pecado, expiación y dones divinos. Las antiguas fiestas prehistóricas conservan su alegría y su piedad, que quedarán para siempre en poder de Israel en tanto cumpla con el Pacto ( mandamientos) y no renuncie a la asistencia divina y a la obediencia de la Torah.

Plegaria del Día

Oración por la Asunción de la Virgen


Alégrate y gózate Hija de Jerusalén

mira a tu Rey que viene a ti, humilde,

a darte tu parte en su victoria.

 

Eres la primera de los redimidos

porque fuiste la adelantada de la fe.

 

Hoy, tu Hijo, te viene a buscar, Virgen y Madre:

“Ven amada mía”,

te pondré sobre mi trono, prendado está el Rey de tu belleza.

Te quiero junto a mí para consumar mi obra salvadora,

ya tienes preparada tu “casa” donde voy a celebrar

las Bodas del Cordero:

 

• Templo del Espíritu Santo

• Arca de la nueva alianza

• Horno de barro, con pan a punto de mil sabores.

 

Mujer vestida de sol, tu das a luz al Salvador

que empuja hacia el nuevo nacimiento

Dichosa tú que has creído, porque lo que se te ha dicho

de parte del Señor, en ti ya se ha cumplido.

 

María Asunta, signo de esperanza y de consuelo,

de humanidad nueva y redimida, danos de tu Hijo

ser como tú llenas del Espíritu Santo,

para ser fieles a la Palabra que nos llama a ser,

también como tú, sacramentos del Reino.

 

Hoy, tu sí, María, tu fiat, se encuentra con el sí de Dios

a su criatura en la realización de su alianza,

en el abrazo de un solo sí.

 

Amén.